domingo, 8 de julio de 2012

Vietnam: te atrapará.




Vietnam: te atrapará!!

Estaba convencido de que Vietnam me esperaba. Cuando llegué al país lo primero que pensé es que por fin iba a formar parte de su color, su olor, su serenidad y su caos; que podría pasear por las calles enigmáticas de sus ciudades para dejarme atrapar.


 
Como tenía claro que mi estancia no iba a ser un mero viaje de turismo sino algo, lo primero que hice fue procurarme un empleo como profesor de idiomas. El día que comencé a impartir las clases tomé conciencia plena de que  lo que consideraba una aventura  ya empezaba a tomar otra dirección más formal; por eso no podía detenerme, y así empecé a barajar la búsqueda de nuevas oportunidades. En este afán contacté con Carolina y Pedro, dos aventureros muy emprendedores que se conocían a la perfección el funcionamiento para salir hacia adelante en el país de los sombreros cónicos. Me dijeron algo que me animó,  y es  que en poco más de dos años consiguieron que su proyecto de relaciones públicas, ya convertido en negocio, despuntara. También me ensañaron que en Vietnam todo es posible gracias a los contactos, porque aunque los anuncios de trabajo no existen, sí hay muchas ofertas.

Todo es cuestión de conocer gente y participar activamente de la vida social porque a los vietnamitas, les encanta las relaciones humanas, por eso no se debe nunca rechazar la invitación a un evento social,  y eso he hecho desde que llegué, porque además, nunca se sabes dónde puedes encontrar tu primera oportunidad.

Vietnam es un país que va modernizándose sin parar. Abierto al turismo, cada vez más numeroso, el crecimiento es continuo también en otros sectores como el textil, la construcción o las telecomunicaciones. Sin  perder su encanto y personal estilo va poniéndose a la altura de otros más prósperos donde se potencian los proyectos de emprendedores.

                                   

Una vez superada la introducción social y el empleo, he podido comprobar que el bajo coste de la vida permite vivir sin grandes gastos, porque compartir vivienda en el centro de la ciudad cuesta unos 350 €  al mes (9.151.733 dong),  y disfrutar de la gastronomía local es posible por tan solo 1€ al día  (26.147 dong); claro que lo más divertido es no saber lo que estás pidiendo y luego llevarte a la boca un buen bocado de serpiente. 
Para hacerse una idea, el salario medio en Vietnam, puede oscilar entre los 1.44 millones de dong (70 dólares, unos 56 euros) y 1.9 millones de dong (93 dólares, unos 75 euros). Ahora bien, si lo que quieres es comprar una casa o un terrenito tienes que hacerlo en oro; para un artículo de lujo debes emplear el dólar, y para el resto del día a día el dong, como moneda oficial, es la que debes llevar en el bolsillo.

  

Después de aprender a manejarme por el país, he decidido quedarme en Ho Chi Minh, ciudad que desde el principio me ofreció todas las facilidades para acomodarme al estilo de vida que estaba buscando.  Calles repletas de comercios con cierto aire de modernidad, alternado con la más clásica cultura; la invitación constante a formar parte de una sociedad que apuesta por la diversión, la prosperidad, el entusiasmo con que sus rascacielos alcanzan las nubes y se mezclan con el ruido de las motos, que a miles, invaden las calles de intrépidos conductores que prescinden del casco. Es decir, un caos colorido pero bien organizado.
Y ya que formar parte de esta sociedad es para mí un objetivo sin fecha de caducidad, procuro absorber las múltiples sensaciones que percibo de manera dosificada, porque todas de golpe no me permitiría disfrutarlas como se merecen. El idioma es tema aparte. No me es fácil aprender el vietnamita por mucho que me empeñe, por eso me escudo en decir que no les voy a privar a los nativos de una buena carcajada cada vez que ven mis esfuerzos por hacerme entender en su lengua.

Igual que yo, tú puedes venir a Vietnam, hay sitio para todos y la experiencia no puede ser más reconfortante. Cuando llegué, supe que había tomado una decisión acertada: romper con la rutina habitual, cambiar el estilo de vida occidental por algo otro más exótico, para dejarme llevar por todas las sensaciones y posibilidades que este país ofrece.



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